Preguntas Frecuentes

Resuelve tus dudas sobre la terapia

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¿Cómo funciona la terapia?

La terapia es un proceso de crecimiento personal en el que nos redescubrimos a nosotros mismos mediante la guía y el acompañamiento de un profesional. Al intentar resolver nuestros conflictos personales con el apoyo de una persona experimentada, comenzamos a observarlos desde una perspectiva distinta. Esto a menudo nos lleva a replantearnos nuestra manera de actuar, dándonos cuenta de todo lo que podemos cambiar en nuestra vida para que nos resulte más plena y satisfactoria.

¿Cuánto suele durar un tratamiento?

La terapia puede ser tan larga o tan breve como cada uno necesite. Si tu objetivo es tratar un problema aislado, como puede serlo la rabia, los celos o la inseguridad, es probable que te basten cuatro o cinco sesiones. Si lo que aspiras es a conocerte mejor, controlar tus reacciones emocionales o a trabajar sobre patrones que repites desde hace mucho tiempo, seguramente necesites una terapia más profunda y duradera. Por ello, el objetivo de la primera sesión es determinar la gravedad del problema y el tipo de tratamiento que necesitas para resolverlo.
Las terapias de pareja y de grupo son distintas: al haber varias personas en consulta, se trabaja sobre los problemas que se manifiestan directamente en las sesiones, y no tan profundamente sobre los conflictos individuales de cada individuo. Las sesiones son más largas, pero la terapia suele ser más corta. A menudo los cambios comienzan a notarse a partir de las cuatro sesiones.

¿Con qué frecuencia conviene hacer las visitas?

El espacio entre sesión y sesión depende de la gravedad de la demanda y la necesidad de cada cliente. Al comienzo de un proceso terapéutico es preferible que las cuatro primeras sesiones sean semanales, dado que la continuidad permite asentar las bases de una buena relación terapéutica. Posteriormente las visitas pueden realizarse dos veces al mes o una vez al mes, en caso de que la terapia ya haya dado el resultado deseado y las sesiones sean únicamente de seguimiento.

¿Qué sucede en la consulta durante las sesiones?

Al comienzo de un proceso terapéutico es importante explorar el pasado del pasado del cliente: sus heridas, sus conflictos internos, su relación con la familia, el amor, el dinero, etc. Inmediatamente después la terapia comienza a orientarse al presente: ¿qué está pasando en tu vida en este momento? Los conflictos actuales del paciente se basan en patrones indeseables que mantiene sin saber cómo, aún en contra su propia voluntad. Cuando estos comportamientos han sido revelados, comienza el delicado proceso de cambiarlos mediante técnicas terapéuticas concretas (que siempre compartimos con el paciente) y con el apoyo incondicional que garantiza un acompañamiento cálido y cercano.

¿De qué depende el éxito de un tratamiento?

De acuerdo con la mayor parte de los estudios, el corriente terapéutico no es lo más importante para que una terapia funcione. Lo verdaderamente esencial es la relación terapéutica y el compromiso de la persona. Si sientes que conectas con tu terapeuta y estás decidido a cambiar, no tardarás mucho en comenzar a notar un enorme progreso. Por el contrario, si crees que ya estás “más o menos bien” o si no haces buenas migas con tu psicólogo, es probable que no consigas el resultado que esperabas.
En última instancia la terapia es una forma de medicación: si la administras regularmente, funciona; si la tomas esporádicamente o de manera intermitente, alivia los síntomas, pero nunca llega a curar el problema.

¿Necesito hacer terapia?

Todos podemos beneficiarnos de un proceso terapéutico, ya sea para solventar un problema concreto o para madurar y desarrollarnos como personas. El problema es que no todos estamos preparados para hacerlo: antes de contactar con un profesional, es importante que te observes a ti mismo y te preguntes cuál es tu necesidad. La terapia implica remover partes internas que a menudo no queremos ver, y a menudo puede suponer un conflicto para ciertas personas que no reconocen sus problemas o que no desean esforzarse para cambiar. En nuestro centro ofrecemos una primera visita gratuita en la terapia individual para adultos, cuyo principal objetivo es aclarar qué esperas encontrar en la terapia y en qué medida ves posible solucionarlo con nosotros.

¿Pueden cambiar las personas?

Todo el mundo encierra en sí mismo el potencial de cambiar y mejorar. A menudo el problema es que nuestro contexto, nuestros hábitos y nuestros patrones más enquistados nos impiden perdurar en el esfuerzo necesario para poder cambiar. Existe una parte de nosotros que desea acomodarse y continuar siendo como ha sido siempre; es la misma que culpa a los demás de nuestros propios problemas y que espera que sea el mundo quien le dé lo que necesita. Del mismo modo, existe otra parte de nuestro carácter que naturalmente busca la mejoría, el desarrollo y la maduración personales. Es el equilibrio de estas partes el que determina si nos quedamos estancados o si salimos hacia delante.

"¿Me estaré volviendo loco?"

Ésta es una de las preguntas que más habitualmente escuchamos en consulta. Por fortuna, hasta el momento nunca hemos tenido que responder que sí. Lo que sucede es que la mayoría de personas estamos muy desconectadas de nuestras emociones –ya sea porque no las comprendemos, porque las negamos o porque ni siquiera sabemos cómo escucharlas–, y es por ello que solemos asustarnos cuando éstas comienzan a desbordarnos y a condicionar nuestra vida. Tenemos una sensación de “perder el control”: no sabemos qué nos pasa ni por qué actuamos como lo hacemos. Muy a menudo pensamos que quizá nos estemos volviendo locos: tememos caer en una depresión incurable, ser víctimas de una crisis de angustia o sufrir ataques de ira explosiva, por poner algunos ejemplos.
Todas estas ideas son normales. Nuestra sociedad no nos educa para escuchar, entender y gestionar nuestros conflictos emocionales. Todo lo contrario: se espera que seamos personas siempre rectas y razonables. Por este motivo, no es de extrañar que nos sintamos enloquecer al perder los estribos.

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